
Le tigri di Mompracem
Los tigres de Mompracem
Emilio Salgari · 1900
Una novela de aventuras sobre piratas, lealtad y rebelión.
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El texto original, cada línea seguida de su traducción.
La notte del 20 dicembre 1849 un uragano violentissimo imperversava sopra Mompracem, isola selvaggia, di fama sinistra, covo di formidabili pirati, situata nel mare della Malesia, a poche centinaia di miglia dalle coste occidentali del Borneo.
En la noche del 20 de diciembre de 1849, un huracán muy violento azotó Mompracem, una isla salvaje con una reputación siniestra y guarida de formidables piratas, situada en el mar de Malaya, a unos cientos de millas de la costa occidental de Borneo.
Pel cielo, spinte da un vento irresistibile, correvano come cavalli sbrigliati, e mescolandosi confusamente, nere masse di vapori, le quali, di quando in quando, lasciavano cadere sulle cupe foreste dell’isola furiosi acquazzoni; sul mare, pure sollevato dal vento, s’urtavano disordinatamente e s’infrangevano furiosamente enormi ondate, confondendo i loro muggiti cogli scoppi ora brevi e secchi ed ora interminabili delle folgori.
Por el cielo, impulsadas por un viento irresistible, negras masas de vapor corrían como caballos desenfrenados, mezclándose en confusión, y de vez en cuando descargaban furiosos chaparrones sobre los oscuros bosques de la isla. En el mar, también agitadas por el viento, enormes olas se estrellaban desordenadamente y rompían con furia, con su rugido mezclándose con los relámpagos, a veces breves y secos, a veces interminables.
Né dalle capanne allineate in fondo alla baia dell’isola, né sulle fortificazioni che le difendevano, né sui numerosi navigli ancorati al di là delle scogliere, né sotto i boschi, né sulla tumultuosa superficie del mare, si scorgeva alcun lume; chi però, venendo da oriente, avesse guardato in alto, avrebbe scorto sulla cima di un’altissima rupe, tagliata a picco sul mare, brillare due punti luminosi, due finestre vivamente illuminate.
Ni desde las chozas alineadas en el fondo de la bahía de la isla, ni en las fortificaciones que las defendían, ni en los numerosos barcos anclados más allá de los acantilados, ni bajo los bosques, ni en la superficie tumultuosa del mar, se veía luz alguna; pero cualquiera que viniera del este y mirara hacia arriba habría visto en la cima de un acantilado muy alto, cortado a pico en el mar, dos puntos de luz brillante, dos ventanas brillantemente iluminadas.
Chi mai vegliava in quell’ora e con simile bufera, nell’isola dei sanguinari pirati?
¿Quién vigilaba a esa hora y en medio de tal tempestad la isla de los piratas sedientos de sangre?
Tra un labirinto di trincee sfondate, di terrapieni cadenti, di stecconati divelti, di gabbioni sventrati, presso i quali scorgevansi ancora armi infrante e ossa umane, una vasta e solida capanna s’innalzava, adorna sulla cima di una grande bandiera rossa, con nel mezzo una testa di tigre.
En medio de un laberinto de trincheras rotas, terraplenes desmoronados, vallas derribadas y gaviones destrozados, donde aún se podían ver armas destrozadas y huesos humanos, se alzaba una enorme y sólida cabaña, adornada en la parte superior con una gran bandera roja, con la cabeza de un tigre en el medio.
Una stanza di quell’abitazione è illuminata, le pareti sono coperte di pesanti tessuti rossi, di velluti e di broccati di gran pregio, ma qua e là sgualciti, strappati e macchiati, e il pavimento scompare sotto un alto strato di tappeti di Persia, sfolgoranti d’oro, ma anche questi lacerati e imbrattati.
Una habitación de aquella vivienda está iluminada, las paredes están cubiertas de pesadas telas rojas, terciopelos y brocados de gran valor, pero aquí y allá arrugados, rasgados y manchados, y el suelo desaparece bajo una gruesa capa de alfombras persas, resplandecientes de oro, pero éstas también rasgadas y manchadas.
Nel mezzo sta un tavolo d’ebano, intarsiato di madreperla e adorno di fregi d’argento, carico di bottiglie e di bicchieri del più raro cristallo; negli angoli si rizzano grandi scaffali in parte rovinati, zeppi di vasi riboccanti di braccialetti d’oro, di orecchini, di anelli, di medaglioni, di preziosi arredi sacri, contorti o schiacciati, di perle provenienti senza dubbio dalle famose peschiere di Ceylan, di smeraldi, di rubini e di diamanti che scintillano come tanti soli, sotto i riflessi di una lampada dorata sospesa al soffitto.
En el centro se alza una mesa de ébano, con incrustaciones de nácar y adornada con frisos de plata, cargada de botellas y vasos del cristal más raro; en las esquinas hay grandes estantes, parcialmente arruinados, abarrotados de jarrones rebosantes de brazaletes de oro, pendientes, anillos, medallones, preciosos vasos sagrados, retorcidos o triturados, perlas sin duda de los famosos estanques de Ceilán, esmeraldas, rubíes y diamantes que brillan como otros tantos soles, reflejados por una lámpara dorada suspendida del techo.
In un canto sta un divano turco colle frange qua e là strappate; in un altro un armonium di ebano colla tastiera sfregiata e all’ingiro, in una confusione indescrivibile, stanno sparsi tappeti arrotolati, splendide vesti, quadri dovuti forse a celebri pennelli, lampade rovesciate, bottiglie ritte o capovolte, bicchieri interi o infranti e poi carabine indiane rabescate, tromboni di Spagna, sciabole, scimitarre, accette, pugnali, pistole.
En un rincón hay un sofá turco con sus flecos rotos aquí y allá; en otro, un armonio de ébano con el teclado desfigurado; y esparcidos alrededor, en una confusión indescriptible, hay alfombras enrolladas, túnicas espléndidas, cuadros tal vez obras de artistas famosos, lámparas volcadas, botellas en posición vertical o invertida, vasos enteros o rotos y, luego, carabinas indias arabescas, trombones españoles, sables, cimitarras, hachas, dagas y pistolas.
In quella stanza così stranamente arredata, un uomo sta seduto su una poltrona zoppicante: è di statura alta, slanciata, dalla muscolatura potente, dai lineamenti energici, maschi, fieri e d’una bellezza strana.
En esa habitación extrañamente amueblada, un hombre está sentado en un sillón destartalado: es alto, delgado, con músculos poderosos, enérgico, masculino, de rasgos orgullosos y de una extraña belleza.
Lunghi capelli gli cadono sugli omeri: una barba nerissima gli incornicia il volto leggermente abbronzato.
El cabello largo le cae sobre los hombros: una barba negra azabache enmarca su rostro ligeramente bronceado.
Ha la fronte ampia, ombreggiata da due stupende sopracciglia dall’ardita arcata, una bocca piccola che mostra dei denti acuminati come quelli delle fiere e scintillanti come perle; due occhi nerissimi, d’un fulgore che affascina, che brucia, che fa chinare qualsiasi altro sguardo.
Tiene una frente amplia, sombreada por dos hermosas cejas de arco pronunciado, una boca pequeña que muestra dientes afilados como los de las fieras y brillantes como perlas; dos ojos muy negros, de un brillo que fascina, que quema, que hace bajar cualquier otra mirada.
Era seduto da alcuni minuti, collo sguardo fisso sulla lampada, colle mani chiuse nervosamente attorno alla ricca scimitarra, che gli pendeva da una larga fascia di seta rossa, stretta attorno ad una casacca di velluto azzurro a fregi d’oro.
Llevaba sentado algunos minutos, con la mirada fija en la lámpara y las manos nerviosamente apretadas alrededor de su rica cimitarra, que colgaba de una amplia faja de seda roja, atada alrededor de una chaqueta de terciopelo azul con ribetes dorados.
Uno scroscio formidabile, che scosse la gran capanna fino alle fondamenta, lo strappò bruscamente da quella immobilità.
Un estruendo formidable, que sacudió la gran choza hasta sus cimientos, lo arrancó bruscamente de aquella inmovilidad.
Si gettò indietro i lunghi e inanellati capelli, si assicurò sul capo il turbante adorno di uno splendido diamante, grosso quanto una noce, e si alzò di scatto, gettando all’intorno uno sguardo nel quale leggevasi un non so che di tetro e di minaccioso.
Se echó hacia atrás su largo cabello rizado, se ajustó el turbante, adornado con un espléndido diamante del tamaño de una nuez, y se levantó de repente, lanzando a su alrededor una mirada oscura y amenazante.
- È mezzanotte - mormorò egli. - Mezzanotte e non è ancora tornato!
—Es medianoche —murmuró—. ¡Medianoche y aún no ha vuelto!
Vuotò lentamente un bicchiere pieno di un liquido color dell’ambra, poi aprì la porta, s’inoltrò con passo fermo fra le trincee che difendevano la capanna e si fermò sull’orlo della gran rupe, alla cui base ruggiva furiosamente il mare.
Vació lentamente un vaso lleno de un líquido color ámbar, luego abrió la puerta, caminó con paso firme entre las trincheras que defendían la cabaña y se detuvo en el borde del gran acantilado, en cuya base el mar rugía furioso.
Stette là alcuni minuti colle braccia incrociate, fermo come la rupe che lo reggeva, aspirando con voluttà i tremendi soffi della tempesta e spingendo lo sguardo sullo sconvolto mare, poi si ritirò lentamente, rientrò nella capanna e si arrestò dinanzi all’armonium.
Se quedó allí unos minutos con los brazos cruzados, inmóvil como la roca que lo sostenía, inhalando con placer las terribles ráfagas de la tormenta y lanzando la mirada al mar embravecido, luego se retiró lentamente, volvió a entrar en la cabaña y se detuvo frente al armonio.
- Quale contrasto! - esclamò. - Al di fuori l’uragano e qua io! Quale il più tremendo?
"¡Qué contraste!", exclamó. "¡El huracán afuera y yo aquí! ¿Cuál es más terrible?"
Fece scorrere le dita sulla tastiera, traendo dei suoni rapidissimi e che avevano qualche cosa di strano, di selvaggio e che poi rallentò, finché si spensero fra gli scrosci delle folgori ed i fischi del vento.
Pasó los dedos sobre el teclado, produciendo sonidos muy rápidos que tenían algo extraño, salvaje, y luego los fue ralentizando hasta que se desvanecieron entre el trueno de los relámpagos y el silbido del viento.
Ad un tratto volse vivamente il capo verso la porta lasciata semiaperta. Stette un momento in ascolto, curvo innanzi, cogli orecchie tesi, poi uscì rapidamente, spingendosi fino sull’orlo della rupe.
De repente, giró bruscamente la cabeza hacia la puerta entreabierta. Escuchó un momento, encorvado hacia adelante, aguzando el oído, y luego salió rápidamente, acercándose al borde del acantilado.
Al rapido chiarore di un lampo vide un piccolo legno, colle vele quasi ammainate, entrare nella baia e confondersi in mezzo ai navigli ancorati.
En un rápido destello de relámpago vio una pequeña embarcación, con las velas casi plegadas, entrar en la bahía y desaparecer entre los barcos anclados.
Il nostro uomo accostò alle labbra un fischietto d’oro e mandò tre note stridenti; un fischio acuto vi rispose un momento dopo.
Nuestro hombre se llevó un silbato dorado a los labios y sopló tres notas agudas; un silbato agudo respondió un momento después.
- È lui! - mormorò con viva emozione. - Era tempo!
—¡Es él! —murmuró con profunda emoción—. ¡Ya era hora!
Cinque minuti dopo un essere umano, avvolto in un ampio mantello grondante d’acqua, si presentava dinanzi alla capanna.
Cinco minutos después, un ser humano, envuelto en una gran capa empapada de agua, apareció frente a la cabaña.
- Yanez! - esclamò l’uomo dal turbante, gettandogli le braccia al collo.
“¡Yáñez!” exclamó el hombre del turbante, echándose los brazos al cuello.
- Sandokan! - rispose il nuovo venuto, con un accento straniero marcatissimo. - Brr! Che notte d’inferno, fratellino mio.
"¡Sandokan!", respondió el recién llegado con un marcado acento extranjero. "¡Brr! ¡Qué noche tan infernal, hermanito!"
- Vieni!
- ¡¡¡Vienes!!!
Attraversarono rapidamente le trincee ed entrarono nella stanza illuminata, chiudendo la porta.
Cruzaron rápidamente las trincheras y entraron en la habitación brillantemente iluminada, cerrando la puerta.
Sandokan riempì due bicchieri e porgendone uno allo straniero che si era sbarazzato del mantello e della carabina che portava ad armacollo, gli disse, con accento quasi affettuoso:
Sandokán llenó dos vasos y, entregándole uno al desconocido que se había quitado la capa y el fusil que llevaba al hombro, le dijo en tono casi cariñoso:
- Bevi, mio buon Yanez.
-Bebe, mi buen Yáñez.
- Alla tua salute, Sandokan.
- Saludos, Sandokan.
- Alla tua.
-A la tuya.
Vuotarono i bicchieri e si assisero dinanzi al tavolo.
Vaciaron sus vasos y se sentaron a la mesa.
Il nuovo arrivato era un uomo sui trentatré o trentaquattro anni, cioè un po’ più anziano del compagno.
El recién llegado era un hombre de unos treinta y tres o treinta y cuatro años, es decir, un poco mayor que su compañero.
Era di media statura, robustissimo, dalla pelle bianchissima, i lineamenti regolari, gli occhi grigi, astuti, le labbra beffarde, e sottili, indizio di una ferrea volontà.
Era de estatura mediana, muy robusto, de piel muy blanca, facciones regulares, ojos grises, astutos, labios burlones y finos, signo de una voluntad de hierro.
A prima vista si capiva che era un europeo non solo, ma che doveva appartenere a qualche razza meridionale.
A primera vista estaba claro que no sólo era europeo, sino que debía pertenecer a alguna raza del sur.
- Ebbene, Yanez, - chiese Sandokan, con una certa emozione, - hai veduta la fanciulla dai capelli d’oro?
- Bueno, Yáñez - preguntó Sandokan con cierta emoción - ¿has visto a la muchacha de cabello dorado?
- No, ma so quanto volevi sapere.
-No, pero sé lo que querías saber.
- Non sei andato a Labuan?
- ¿No fuiste a Labuan?
- Sì, ma capirai che su quelle coste guardate dagli incrociatori inglesi, riesce difficile lo sbarco a gente della nostra specie.
- Sí, pero comprenderás que en esas costas custodiadas por los cruceros ingleses es difícil que desembarque gente de nuestra especie.
- Parlami di questa fanciulla. Chi è?
- Háblame de esta chica. ¿Quién es?
- Ti dirò che è una creatura meravigliosamente bella, tanto bella da essere capace di stregare il più formidabile pirata.
- Te diré que es una criatura maravillosamente hermosa, tan hermosa que puede hechizar al pirata más formidable.
- Ah! - esclamò Sandokan.
— ¡Ah! — exclamó Sandokan.
- Mi dissero che ha i capelli biondi come l’oro, gli occhi più azzurri del mare, le carni bianche come l’alabastro.
- Me dijeron que tiene el pelo rubio como el oro, los ojos más azules que el mar y la carne blanca como el alabastro.
So che Alamba, uno dei nostri più feroci pirati, la vide una sera passeggiare sotto i boschi dell’isola e che fu tanto colpito da quella bellezza da fermare la sua nave per meglio contemplarla, a rischio di farsi massacrare dagli incrociatori inglesi.
Sé que Alamba, uno de nuestros más feroces piratas, la vio una tarde paseando por los bosques de la isla y que quedó tan impresionado por su belleza que detuvo su barco para contemplarla mejor, con riesgo de ser masacrado por los cruceros ingleses.
- Ma a chi appartiene?
- ¿Pero de quién es?
- Da alcuni si dice che sia figlia di un colono, da altri di un lord, da altri ancora che sia nientemeno che parente del governatore di Labuan.
- Algunos dicen que es hija de un colono, otros de un señor y otros que no es otra que una pariente del gobernador de Labuan.
- Strana creatura - mormorò Sandokan, comprimendosi colle mani la fronte.
—¡Qué criatura más extraña! —murmuró Sandokan, presionándose la frente con las manos.
- E così?... - chiese Yanez.
- ¿Y entonces?...- preguntó Yáñez.
Il pirata non rispose. Si era bruscamente alzato in preda ad una viva emozione e si era portato dinanzi all’armonium, facendo scorrere le dita sui tasti.
El pirata no respondió. Se levantó bruscamente, dominado por una intensa emoción, y se dirigió al armonio, tocando las teclas con los dedos.
Yanez si limitò a sorridere e, staccata da un chiodo una vecchia mandola, si mise a pizzicarne le corde, dicendo:
Yáñez simplemente sonrió y, tomando una vieja mandola de un clavo, comenzó a puntear las cuerdas, diciendo:
- Sta bene! Facciamo un po’ di musica.
¡Muy bien! Hagamos música.
Aveva però appena cominciato a suonare un’arietta portoghese, allorquando vide Sandokan avvicinarsi bruscamente al tavolo, puntandovi sopra le mani con tale violenza da farlo piegare.
Pero apenas había comenzado a tocar una melodía portuguesa cuando vio a Sandokan aproximarse bruscamente a la mesa, empujándola con sus manos con tanta violencia que la hizo doblar.
Non era più lo stesso uomo di prima: la sua fronte era burrascosamente aggrottata, i suoi occhi mandavano cupi lampi, le sue labbra, ritiratesi, mostravano i denti convulsamente stretti, le sue membra fremevano.
Ya no era el mismo hombre de antes: su frente estaba fruncida en un ceño tormentoso, sus ojos brillaban oscuramente, sus labios, retraídos, mostraban sus dientes apretados convulsivamente, sus miembros temblaban.
In quel momento egli era il formidabile capo dei feroci pirati di Mompracem, era l’uomo che da dieci anni insanguinava le coste della Malesia, l’uomo che per ogni dove aveva dato terribili battaglie, l’uomo la cui straordinaria audacia, l’indomito coraggio gli avevano valso il nomignolo di Tigre della Malesia.
En ese momento era el formidable líder de los feroces piratas de Mompracem, era el hombre que durante diez años había ensangrentado las costas de Malasia, el hombre que había librado terribles batallas en todas partes, el hombre cuya extraordinaria audacia y coraje indomable le habían valido el apodo de "Tigre de Malasia".
- Yanez! - esclamò egli con un tono di voce, che più nulla aveva d’umano. - Che cosa fanno gl’inglesi a Labuan?
—¡Yáñez! —exclamó con un tono de voz que ya no tenía nada de humano—. ¿Qué hacen los ingleses en Labuan?
- Si fortificano - rispose tranquillamente l’europeo.
“Se están fortificando”, respondió con calma el europeo.
- Forse che tramano qualche cosa contro di me?
-¿Están tramando algo contra mí?
- Lo credo.
-Lo creo.
- Ah! Tu lo credi? Che osino alzare un dito contro la mia Mompracem! Di’ a loro che si provino a sfidare i pirati nei loro covi! La Tigre li distruggerà fino all’ultimo e berrà tutto il loro sangue. Dimmi, che cosa dicono di me?
¡Ah! ¿Lo crees? ¡Que se atrevan a levantar un dedo contra mi Mompracem! ¡Que desafíen a los piratas en sus guaridas! El Tigre los destruirá a todos y se beberá toda su sangre. Dime, ¿qué dicen de mí?
- Che è ora di finirla con un pirata così audace.
- Es hora de acabar con un pirata tan audaz.
- E mi odiano molto?
-¿Y me odian mucho?
- Tanto che s’accontenterebbero di perdere tutte le loro navi, pur di appiccarti.
- Tanto es así que estarían felices de perder todos sus barcos solo para ahorcarte.
- Ah!
-¡Ah!
- Dubiti forse? Fratellino mio, sono molti anni che tu ne commetti una peggiore dell’altra.
—¿Dudas? Mi hermanito, llevas muchos años cometiendo una cosa peor que la otra.
Tutte le coste portano le tracce delle tue scorrerie; tutti i villaggi e tutte le città sono state da te assalite e saccheggiate; tutti i forti olandesi, spagnoli e inglesi hanno ricevuto le tue palle e il fondo del mare è irto di navi da te mandate a picco.
Todas las costas llevan las huellas de vuestras incursiones; todos los pueblos y ciudades han sido atacados y saqueados por vosotros; todos los fuertes holandeses, españoles e ingleses han recibido vuestras balas, y el fondo del mar está lleno de barcos hundidos por vosotros.
- È vero, ma di chi la colpa? Forse che gli uomini di razza bianca non sono stati inesorabili con me? Forse che non mi hanno detronizzato col pretesto che io diventavo troppo potente?
"Es cierto, pero ¿de quién es la culpa? ¿Acaso los hombres blancos no fueron despiadados conmigo? ¿No me derrocaron con el pretexto de que me estaba volviendo demasiado poderoso?"
Forse che non hanno assassinato mia madre, i miei fratelli e le mie sorelle, per distruggere la mia discendenza? Quale male avevo io fatto a costoro? La razza bianca non aveva mai avuto da dolersi di me, eppure mi volle schiacciare.
¿No asesinaron a mi madre, a mis hermanos y a mis hermanas para destruir mi linaje? ¿Qué daño les hice? La raza blanca nunca tuvo motivos para quejarse de mí, pero querían aplastarme.
Ora io li odio, siano spagnoli, od olandesi, o inglesi o portoghesi tuoi compatrioti, io li esecro e mi vendicherò terribilmente di loro, l’ho giurato sui cadaveri della mia famiglia e manterrò il giuramento!
Ahora los odio, ya sean españoles, ya holandeses, ya ingleses, ya portugueses, sus compatriotas, los aborrezco y me vengaré terriblemente de ellos, lo juré sobre los cadáveres de mi familia y cumpliré mi juramento.
«Se sono però stato spietato coi miei nemici, qualche voce spero si alzerà per dire che talvolta sono stato generoso.»
«Pero si he sido despiadado con mis enemigos, espero que alguna voz se alce para decir que a veces he sido generoso.»
- Non una, bensì cento, mille voci possono ben dire che tu sei stato coi deboli perfin troppo generoso - disse Yanez.
—No una, sino cien, mil voces podrán decir que usted ha sido demasiado generoso con los débiles —dijo Yáñez.
- Possono dirlo tutte quelle donne cadute in tuo potere che tu hai condotte, a rischio di farti colare a picco dagli incrociatori, nei porti degli uomini bianchi; possono dirlo le deboli tribù che tu hai difeso contro le razzie dei prepotenti, i poveri marinai privati dei loro legni dalle tempeste e che tu hai salvati dalle onde e coperti di regali, e cento, e mille altri che ricorderanno sempre i tuoi benefici, o Sandokan.
"Todas aquellas mujeres que cayeron en tu poder, a quienes condujiste, a riesgo de ser hundidas por cruceros, a los puertos de los hombres blancos, pueden decirlo; las tribus débiles que defendiste contra las incursiones de los poderosos, los pobres marineros privados de sus barcos por las tormentas y a quienes salvaste de las olas y colmaste de regalos, y cientos y miles más que siempre recordarán tus beneficios, oh Sandokán."
«Ma dimmi ora, fratellino mio, che cosa vuoi concludere?»
—Pero dime ahora, hermanito mío, ¿qué quieres concluir?
La Tigre della Malesia non rispose. Si era messo a passeggiare per la stanza colle braccia incrociate e la testa china sul petto. A che pensava quel formidabile uomo?
El Tigre de Malasia no respondió. Había empezado a pasearse por la habitación con los brazos cruzados y la cabeza gacha. ¿En qué estaría pensando este hombre formidable?
Il portoghese Yanez, quantunque lo conoscesse da lungo tempo, non sapeva indovinarlo.
El portugués Yáñez, aunque lo conocía desde hacía tiempo, no podía adivinarlo.
- Sandokan, - disse dopo qualche minuto, - a che cosa pensi?
-Sandokan -dijo al cabo de unos minutos-, ¿en qué estás pensando?
La Tigre si fermò guardandolo fisso, ma ancora non rispose.
El Tigre se detuvo y lo miró fijamente, pero siguió sin responder.
- Hai qualche pensiero che ti tormenta? - riprese Yanez. - Toh! Si direbbe che ti crucci perché gl’inglesi ti odiano molto.
"¿Te preocupa algo?", continuó Yáñez. "¡Mira! Parece que estás preocupado porque los ingleses te odian mucho".
Anche questa volta il pirata stette zitto.
Esta vez también el pirata permaneció en silencio.
Il portoghese si alzò, accese una sigaretta e si diresse verso una porta nascosta dalla tappezzeria, dicendo:
El portugués se levantó, encendió un cigarrillo y caminó hacia una puerta oculta por el papel pintado, diciendo:
- Buona notte, fratellino mio.
-Buenas noches, mi hermanito.
Sandokan a quelle parole si scosse e, fermando con un gesto il portoghese, disse:
Sandokán quedó impactado por estas palabras y, deteniendo al portugués con un gesto, dijo:
- Una parola, Yanez.
-Una palabra, Yáñez.
- Parla adunque.
-Habla entonces.
- Sai che voglio andare a Labuan?
- ¿Sabes que quiero ir a Labuan?
- Tu!... A Labuan!...
- ¡Tú!... ¡En Labuan!...
- Perché tanta sorpresa?
-¿Por qué tanta sorpresa?
- Perché tu sei troppo audace e commetteresti qualche pazzia nel covo del tuoi più accaniti nemici.
-Porque eres demasiado atrevido y cometerías alguna locura en la guarida de tus más acérrimos enemigos.
Sandokan lo guardò con due occhi che mandavano fiamme ed emise una specie di sordo ruggito.
Sandokan lo miró con dos ojos que ardían y dejó escapar una especie de rugido sordo.
- Fratello mio, - riprese il portoghese, - non tentare troppo la fortuna. Sta’ in guardia! L’affamata Inghilterra ha messo gli occhi sulla nostra Mompracem e forse non aspetta che la tua morte per gettarsi sui tuoi tigrotti e distruggerli.
—Hermano mío —continuó el portugués—, no tientes demasiado a la suerte. ¡Mantente alerta! La Inglaterra hambrienta tiene la mira puesta en nuestro Mompracem y quizá solo esté esperando tu muerte para abalanzarse sobre tus cachorros de tigre y destruirlos.
Sta’ in guardia, poiché ho veduto un incrociatore irto di cannoni e zeppo d’armati ronzare nelle nostre acque, e quello là è un leone che altro non attende che una preda.
Estén en guardia, porque he visto un crucero repleto de armas y lleno de hombres zumbando en nuestras aguas, y ése es un león que no espera nada más que una presa.
- Ma incontrerà la Tigre! - esclamò Sandokan, stringendo i pugni e fremendo dai piedi al capo.
—¡Pero se encontrará con el Tigre! —exclamó Sandokan apretando los puños y temblando de pies a cabeza.
- Sì, la incontrerà e forse nella pugna soccomberà, ma il suo grido di morte giungerà fino sulle coste di Labuan ed altri muoveranno contro di te. Morranno molti leoni, poiché tu sei forte e tremendo, ma morrà anche la Tigre!
Sí, la encontrará y quizás sucumba en la batalla, pero su grito de muerte llegará a las costas de Labuan, y otros se lanzarán contra ti. Muchos leones morirán, porque eres fuerte y temible, ¡pero el Tigre también morirá!
- Io!...
- ¡I!...
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