
La barraca
A Barraca
Vicente Blasco Ibáñez · 1898
Uma poderosa representação da vida rural, do conflito e da injustiça.
Leia o início
O texto original, cada linha seguida da sua tradução.
Desperezóse la inmensa vega bajo el resplandor azulado del amanecer, ancha faja de luz que asomaba por la parte del Mediterráneo.
A imensa planície estendia-se sob o brilho azulado da aurora, uma ampla faixa de luz que surgia do lado mediterrâneo.
Los últimos ruiseñores, cansados de animar con sus trinos aquella noche de otoño, que, por lo tibio de su ambiente, parecía de primavera, lanzaban el gorjeo final como si los hiriese la luz del alba con sus reflejos de acero.
Os últimos rouxinóis, cansados de animar aquela noite de outono com seus trinados, que, devido ao calor da atmosfera, pareciam primaveris, lançaram seu gorjeio final como se a luz da aurora os ferisse com seus reflexos metálicos.
De las techumbres de paja de las barracas salían las bandadas de gorriones como un tropel de pilluelos perseguidos, Y las copas de los árboles empezaban a estremecerse bajo los primeros jugueteos de estos granujas del espacio, que todo lo alborotaban con el roce de sus blusas de plumas.
Dos telhados de palha dos quartéis surgiram bandos de pardais como um enxame de crianças perseguidas, e as copas das árvores começaram a tremer sob as primeiras travessuras desses pestinhas espaciais, que agitaram tudo com o farfalhar de suas blusas de penas.
Apagábanse lentamente los rumores que habían poblado la noche: el borboteo de las acequias, el murmullo de los cañaverales, los ladridos de los mastines vigilantes.
Os sons que haviam preenchido a noite foram se dissipando lentamente: o borbulhar dos canais de irrigação, o murmúrio dos canaviais, o latido dos mastins vigilantes.
Despertaba la huerta, y sus bostezos eran cada vez más ruidosos. Rodaba el canto del gallo de barraca en barraca.
O pomar estava despertando, e seus bocejos ficavam cada vez mais altos. O canto do galo ecoava de cabana em cabana.
Los campanarios de los pueblecitos devolvían con ruidoso badajeo el toque de misa primera que sonaba a lo lejos, en las torres de Valencia, esfumadas por la distancia.
Os campanários das pequenas aldeias ecoavam com um estrondo ruidoso o toque da primeira missa que ressoava à distância, nas torres de Valência, e que se perdia com a distância.
De los corrales salía un discordante concierto animal: relinchos de caballos, mugidos de corderos, ronquidos de cerdos; un despertar ruidoso de bestias que, al sentir la fresca caricia del alba cargada del acre perfume de vegetación, deseaban correr por los campos.
Dos currais vinha um concerto animal dissonante: relinchos de cavalos, mugidos de cordeiros, roncos de porcos; um despertar ruidoso de animais que, sentindo o frescor da aurora carregada com o perfume acre da vegetação, desejavam correr pelos campos.
El espacio se empapaba de luz; disolvíanse las sombras como tragadas por los abiertos surcos y las masas de follaje.
O espaço estava inundado de luz; as sombras se dissolviam como se engolidas pelos sulcos abertos e pela massa de folhagem.
En la indecisa neblina del amanecer iban fijando sus contornos húmedos y brillantes las filas de moreras y frutales, las ondulantes líneas dé cañas, los grandes cuadros de hortalizas, semejantes a enormes pañuelos verdes, y la tierra roja, cuidadosamente labrada.
Na névoa incerta da aurora, as fileiras de amoreiras e árvores frutíferas, as linhas ondulantes de juncos, as grandes hortas, como enormes lenços verdes, e a terra vermelha cuidadosamente cultivada iam tomando forma com seus contornos úmidos e brilhantes.
Animábanse los caminos con filas de puntos negros y movibles, como rosarios de hormigas, marchando hacia la ciudad.
As ruas estavam repletas de fileiras de pontos negros em movimento, como rosários de formigas, marchando em direção à cidade.
De todos los extremos de la vega llegaban chirridos de ruedas, canciones perezosas interrumpidas por el grito que arrea a las bestias, y, de cuando en cuando, como sonoro trompetazo del amanecer, rasgaba el espacio un furioso rebuzno del cuadrúpedo paria, como protesta del rudo trabajo que pesaba sobre él apenas nacido el día.
De todos os cantos do prado vinha o rangido das rodas, canções preguiçosas interrompidas pelo grito que guiava os animais e, de tempos em tempos, como um sonoro toque de trombeta da aurora, um zurro furioso do quadrúpede pária rasgava o espaço, como um protesto contra o trabalho árduo que o oprimia assim que o dia nascia.
En las acequias conmovíase la tersa lámina de cristal rojizo con chapuzones que hacían callar a las ranas; sonaba luego un ruidoso batir de alas e iban deslizándose los ánades lo mismo que galeras de marfil, moviendo, cual fantásticas proas, sus cuellos de serpiente.
Nos canais de irrigação, a superfície lisa de vidro avermelhado era agitada por respingos que silenciavam os sapos; em seguida, ouvia-se um ruidoso bater de asas e os patos deslizavam como galeras de marfim, movendo seus pescoços serpentinos como proas fantásticas.
La vida, que con la luz inundaba la vega, iba penetrando en el interior de barracas y alquerías.
A vida, que inundava a planície de luz, penetrava no interior das cabanas e casas de fazenda.
Chirriaban las puertas al abrirse, veíanse bajo los emparrados figuras blancas que se desperezaban con las manos tras el cogote, mirando el iluminado horizonte.
As portas rangeram ao se abrirem; sob as treliças, figuras brancas podiam ser vistas se espreguiçando com as mãos atrás do pescoço, contemplando o horizonte iluminado.
Quedaban de par en par los establos, vomitando hacia la ciudad las vacas de leche, los rebaños de cabras, los caballejos de los estercoleros.
Os estábulos estavam escancarados, vomitando vacas leiteiras, rebanhos de cabras e montes de esterco de cavalos em direção à cidade.
Entre las cortinas de árboles enanos que ensombrecían los caminos, vibraban cencerros y campanillas, y cortando este alegre cascabeleo sonaba el enérgico ¡arre, aca! animando a las bestias reacias.
Entre as cortinas de árvores anãs que sombreavam os caminhos, sinos de vaca e outros sinos vibravam, e cortando esse tilintar alegre, ouvia-se o enérgico "gi-duck, vai!", encorajando os animais relutantes.
En las puertas de las barracas saludábanse los que iban hacia la ciudad y los que se quedaban a trabajar los campos.
Nos portões do quartel, aqueles que iam para a cidade e aqueles que ficavam para trabalhar nos campos se cumprimentavam.
-¡Bon día mos done Deu! (¡Buen día nos dé Dios!)
-Bon dia mos done Deu! (Que Deus nos dê um bom dia!)
-¡Bon día!
-Bom dia!
Y tras este saludo, cambiado con toda la gravedad propia de una gente que lleva en sus venas sangre moruna y sólo puede hablar de Dios con gesto solemne ,se hacía el silencio si el que pasaba era un desconocido, y si era íntimo se le encargaba la compra en Valencia de pequeños objetos para la mujer o para la casa.
E depois dessa saudação, trocada com toda a gravidade típica de pessoas que têm sangue mouro nas veias e só sabem falar de Deus com um gesto solene, o silêncio se instalava se o passante fosse um estranho, e se fosse um amigo íntimo, a ele seria confiada a compra, em Valência, de pequenos objetos para a dama ou para a casa.
Ya era de día completamente.
Já era dia completamente claro.
El espacio se había limpiado de tenues neblinas, transpiración nocturna de los húmedos campos y las rumorosas acequias. Iba a salir el sol.
O ar estava livre da névoa tênue, da transpiração da noite nos campos úmidos e do murmúrio dos canais de irrigação. O sol estava prestes a nascer.
En los rojizos surcos saltaban las alondras con la alegría de vivir un día más, y los traviesos gorriones, posándose en las ventanas todavía cerradas, picoteaban las maderas, diciendo a los de adentro con su chillido de vagabundos acostumbrados a vivir de gorra: «¡Arriba, perezosos!
Nos sulcos avermelhados, as cotovias saltitavam alegremente por viverem mais um dia, e os pardais travessos, empoleirados nas janelas ainda fechadas, bicavam a madeira, dizendo aos que estavam lá dentro com seus gritos estridentes de vagabundos acostumados a viver de graça: "Levantem-se, seus preguiçosos!"
¡A trabajar la tierra para que comamos nosotros!...»
Vamos trabalhar a terra para que possamos comer!...»
En la barraca de Toni, conocido en todo el contorno por Pimentón, acababa de entrar su mujer, Pepeta, una animosa criatura, de carne blancuzca y fláccida, en plena juventud, minada por la anemia, y que era, sin embargo, la hembra más trabajadora de toda la huerta.
Na cabana de Toni, conhecida em toda a região como Pimentón, sua esposa, Pepeta, acabara de entrar, uma criatura espirituosa, de carne esbranquiçada e flácida, no auge da juventude, debilitada pela anemia, e que era, no entanto, a mulher mais trabalhadora de todo o pomar.
Al amanecer ya estaba de vuelta del mercado.
Ao amanhecer, eu já havia retornado do mercado.
Levantábase a las tres, cargaba con los cestones de verduras cogidas por Toni al cerrar la noche anterior entre reniegos y votos contra una pícara vida en la que tanto hay que trabajar, y a tientas por los senderos, guiándose en la oscuridad como buena hija de la huerta, marchaba a Valencia, mientras su marido, aquel buen mozo que tan caro le costaba, seguía roncando dentro del caliente estudi, bien arrebujado en las mantas del camón matrimonial.
Ela se levantava às três, carregava as cestas de legumes colhidos por Toni na noite anterior, entre resmungos e juramentos contra uma vida miserável que exigia tanto trabalho, e tateando pelos caminhos, guiada na escuridão como uma boa filha do pomar, ia para Valência, enquanto seu marido, aquele belo rapaz que lhe custara tanto, continuava roncando dentro do estúdio aconchegante, bem enrolado nos cobertores da cama de casal.
Los que compraban las hortalizas al por mayor para revenderlas conocían bien a esta mujercita que, antes del amanecer, ya estaba en el mercado de Valencia sentada en sus cestos, tiritando bajo el delgado y raído mantón.
Aqueles que compravam legumes no atacado para revendê-los conheciam bem essa pequena mulher que, antes do amanhecer, já estava no mercado de Valência sentada em suas cestas, tremendo sob seu xale fino e esfarrapado.
Miraba con envidia, de lo que no se daba cuenta, a los que podían beber una taza de café para combatir el fresco matinal.
Ele olhava com inveja, sem se dar conta, para aqueles que podiam tomar uma xícara de café para combater o frio da manhã.
Y con una paciencia de bestia sumisa esperaba que le diesen por las verduras el dinero que se había fijado en sus complicados cálculos para mantener a Toni y llevar la casa adelante.
E com a paciência de um animal submisso, ele esperou que lhe dessem o dinheiro para os vegetais que havia separado em seus cálculos complexos para sustentar Toni e manter a casa funcionando.
Después de esta venta corría otra vez hacia su barraca, deseando salvar cuanto antes una hora de camino.
Após essa venda, ele voltava correndo para seu barraco, ansioso para economizar o máximo possível uma hora de viagem.
Entraba de nuevo en funciones para desarrollar una segunda industria: después de las hortalizas, la leche.
A empresa estava retomando as operações para desenvolver um segundo setor: depois dos vegetais, o leite.
Y tirando del ronzal de una vaca rubia, que llevaba pegado al rabo como amoroso satélite un ternerillo juguetón, volvía a la ciudad con la varita bajo el brazo y la medida de estaño para servir a los clientes.
E, puxando a rédea de uma vaca loira, que tinha preso ao rabo como um satélite carinhoso um bezerro brincalhão, ele voltou para a cidade com a varinha debaixo do braço e a medida de lata para servir os clientes.
La Rocha, que así apodaban a la vaca por sus rubios pelos, mugía dulcemente, estremeciéndose bajo una gualdrapa de arpillera, herida por el fresco de la mañana, volviendo sus ojos húmedos hacia la barraca, que se quedaba atrás, con su establo negro, de ambiente pesado, en cuya paja olorosa pensaba con voluptuosidad del sueño no satisfecho.
La Rocha, como a vaca era apelidada por causa de seus pelos loiros, mugia docemente, tremendo sob um cobertor de estopa, ferida pelo frio da manhã, voltando seus olhos úmidos para o barraco, que permanecia para trás, com seu estábulo negro, atmosfera pesada, em cuja palha perfumada ela pensava com a voluptuosidade de um sono insatisfeito.
Pepeta la arreaba con su vara. Se hacía tarde, e iban a quejarse los parroquianos. Y la vaca Y el ternerillo trotaban por el centro del camino de Alboraya, hondo, fangoso, surcado de profundas carrileras.
Pepeta a incentivou com sua bengala. Estava ficando tarde e os paroquianos iriam reclamar. E a vaca e o bezerro trotavam pelo meio da estrada de Alboraya, profunda, lamacenta e sulcada por sulcos profundos.
Por los ribazos laterales, con un brazo en la cesta y el otro balanceante, pasaban los interminables cordones de cigarreras e hilanderas de seda, toda la virginidad de la huerta, que iban a trabajar en las fábricas, dejando con el revoloteo de sus faldas una estela de castidad ruda y áspera.
Ao longo das margens, com um braço na cesta e o outro balançando, passavam as intermináveis filas de fabricantes de charutos e fiandeiras de seda, toda a virgindade do pomar, que iam trabalhar nas fábricas, deixando com o farfalhar de suas saias um rastro de castidade rude e severa.
Esparcíase por los campos la bendición de Dios.
A bênção de Deus se espalhava pelos campos.
Tras los árboles y las casas que cerraban el horizonte asomaba el sol como enorme oblea roja, lanzando horizontales agujas de oro que obligaban a taparse los ojos.
Por trás das árvores e casas que fechavam o horizonte, o sol aparecia como uma enorme bolacha vermelha, lançando agulhas horizontais de ouro que obrigavam as pessoas a tapar os olhos.
Las montañas del fondo y las torres de la ciudad iban tomando un tinte sonrosado; las nubecillas que bogaban por el cielo coloreábanse como madejas de seda carmesí; las acequias y los charcos del camino parecían poblarse de peces de fuego.
As montanhas ao fundo e os arranha-céus da cidade adquiriam um tom rosado; as pequenas nuvens que flutuavam pelo céu tinham a cor de meadas de seda carmesim; as valas e poças ao longo da estrada pareciam estar povoadas por peixes-de-fogo.
Sonaba en el interior de las barracas el arrastre de la escoba, el chocar de la loza, todos los ruidos de la limpieza matinal. Las mujeres agachábanse en los ribazos, teniendo al lado el cesto de la ropa para lavar.
Dentro dos barracos, o som da varrição, o tilintar da louça, todos os ruídos da limpeza matinal enchiam o ar. As mulheres se curvavam nas margens, com seus cestos de roupa suja ao lado.
Saltaban en las sendas los pardos conejos, con su sonrisa marrullera, enseñando, al huir, las rosadas posaderas partidas por el rabo en forma de botón, y sobre los montones de rubio estiércol, el gallo, rodeado de sus cloqueantes odaliscas, lanzaba un grito de sultán celoso -¡su quiquiriquí!-, con la pupila ardiente y las barbillas rojas de cólera.
Os coelhos marrons saltitavam pelos caminhos, com seus sorrisos maliciosos, mostrando, enquanto fugiam, suas nádegas rosadas divididas pela cauda em forma de botão, e sobre os montes de esterco loiro, o galo, cercado por suas odaliscas cacarejantes, soltava um grito de sultão ciumento - seu cocoricó! - com as pupilas ardendo e as barbelas vermelhas de raiva.
Pepeta, insensible a este despertar, que presenciaba diariamente, seguía su marcha, cada vez con más prisa, el estómago vacío, las piernas doloridas y las ropas interiores impregnadas de un sudor de debilidad propio de su sangre blanca y pobre, que a lo mejor se escapaba durante semanas enteras, contraviniendo las reglas de la Naturaleza.
Pepeta, alheia a esse despertar, que presenciava diariamente, continuava sua marcha, cada vez com mais pressa, o estômago vazio, as pernas doloridas e a roupa íntima encharcada de um suor de fraqueza típico de seu sangue pobre e branco, que poderia escapar por semanas a fio, contrariando as leis da Natureza.
La avalancha de gente laboriosa que se dirigía a Valencia llenaba los puentes.
A avalanche de trabalhadores que se dirigiam para Valência lotou as pontes.
Pepeta pasó entre los obreros de los arrabales que llegaban con el saquito del almuerzo pendiente del cuello; se detuvo en el fielato de Consumos para tomar su resguardo -unas cuantas monedas que todos los días le dolían en el alma-, y se metió por las desiertas calles, que animaba el cencerreo de la Rocha con un badajeo de melodía bucólica, haciendo soñar a los adormecidos burgueses con verdes prados y escenas idílicas de pastores.
Pepeta passou pelos trabalhadores da periferia que chegavam com suas marmitas penduradas no pescoço; parou no posto de fiscalização do Imposto sobre o Consumo para pegar seu recibo – algumas moedas que lhe causavam dor na alma todos os dias – e saiu pelas ruas desertas, que eram animadas pelo clangor dos sinos de La Rocha com uma melodia bucólica, fazendo o burguês sonolento sonhar com prados verdejantes e cenas idílicas de pastores.
Tenía sus parroquianos la pobre mujer esparcidos en toda la ciudad.
A pobre mulher tinha seus paroquianos espalhados por toda a cidade.
Era su marcha una enrevesada peregrinación por las calles, deteniéndose ante las puertas cerradas; un aldabonazo aquí, tres y repique más allá, y siempre, a continuación, el grito estridente y agudo, que parecía imposible pudiese surgir de su pobre y raso pecho: ¡La lleeet!
Sua marcha era uma peregrinação tortuosa pelas ruas, parando diante de portas fechadas; uma batida aqui, três e um toque ali, e sempre, depois, o grito estridente e agudo, que parecia impossível de emergir de seu peito pobre e nu: ¡La lleeet!
(¡La leche!). Jarro en mano, bajaba la criada desgreñada, en chancletas, con los ojos hinchados, a recibir la leche, o la vieja portera, todavía con la mantilla que se había puesto para ir a la misa del alba.
(O leite!). Com a jarra na mão, a criada desgrenhada, de chinelos e olhos inchados, descia para receber o leite, ou a velha porteira, ainda usando a mantilha que vestira para ir à missa da aurora.
A las ocho, después de servir a todos sus clientes Pepeta se vio cerca del barrio de Pescadores.
Às oito horas, depois de atender todos os seus clientes, Pepeta se viu perto do bairro dos Pescadores.
Como también encontraba en él despacho la pobre huérfana se metió valerosamente en los sucios callejones, que parecían muertos a aquella hora. Siempre, al entrar, sentía cierto desasosiego, una repugnancia instintiva de estómago delicado.
Como a pobre órfã também encontrou o escritório ali, aventurou-se corajosamente pelos becos imundos, que pareciam desertos àquela hora. Ela sempre sentia um certo mal-estar ao entrar, uma repulsa instintiva, quase como um enjoo.
Pero su espíritu de mujer honrada y enferma sabía sobreponerse a esta impresión, y continuaba adelante con cierta altivez vanidosa, con un orgullo de hembra casta, consolándose al ver que ella, débil y agobiada por la miseria, aún era superior a otras.
Mas seu espírito, como mulher honesta e doente, soube superar essa impressão, e ela prosseguiu com certa vaidade e altivez, com um casto orgulho feminino, consolando-se ao ver que, fraca e sobrecarregada pela miséria, ainda era superior aos outros.
De las cerradas y silenciosas casas salía el hálito de la crápula barata, ruidosa y sin disfraz: un olor de carne adobada y putrefacta, de vino y de sudor.
Das casas fechadas e silenciosas vinha o hálito de uma devassidão barata, barulhenta e descarada: um cheiro de carne marinada e pútrida, de vinho e de suor.
Por las rendijas de las puertas parecía escapar la respiración entrecortada y brutal del sueño aplastante después de una noche de caricias y caprichos amorosos de borracho.
Por entre as frestas das portas, parecia escapar a respiração ofegante e brutal do sono pesado após uma noite de carícias e caprichos amorosos embriagados.
Pepeta oyó que la llamaban.
Pepeta ouviu quando a chamaram.
En la puerta de una escalerilla le hacía señas una buena moza, despechugada, fea, sin otro encanto que el de una juventud próxima a desaparecer: los ojos húmedos, el moño torcido, y en las mejillas manchas de colorete de la noche anterior: una caricatura, un payaso del vicio.
À porta de uma pequena escadaria, uma moça bonita, de decote profundo e aparência pouco atraente, acenava para ele, sem outro encanto além do de uma jovem prestes a desaparecer: seus olhos estavam úmidos, seus cabelos desalinhados, e em suas bochechas havia manchas de blush da noite anterior: uma caricatura, um palhaço do vício.
La labradora, apretando los labios con un mohín de orgullo y desdén para que las distancias quedasen bien marcadas, comenzó a ordeñar las ubres de la Rocha dentro del jarro que le presentaba la moza. Esta no quitaba la vista de la labradora.
A camponesa, com os lábios cerrados num sorriso de orgulho e desdém para enfatizar a distância entre elas, começou a ordenhar as tetas de Rocha no jarro que a jovem lhe ofereceu. A jovem manteve os olhos fixos na camponesa.
-¡Pepeta! -dijo con voz indecisa, como si no tuviese la certeza de que era ella misma.
"Pepeta!" disse ela com voz indecisa, como se não tivesse certeza se era realmente ela.
Levantó su cabeza Pepeta; fijó por primera vez sus ojos en la mujerzuela, y también pareció dudar.
Pepeta ergueu a cabeça; fixou os olhos na meretriz pela primeira vez, e também ela pareceu hesitar.
-¡Rosario!... ¿Eres tú?
-Rosário!... É você?
Sí, ella era: lo afirmaba con tristes movimientos de cabeza. Y Pepeta, inmediatamente, manifestó su asombro. ¡Ella allí!... ¡Hija de unos padres tan honrados!... ¡Qué vergüenza, Señor!...
Sim, era ela: ela confirmou com acenos tristes de cabeça. E Pepeta imediatamente expressou seu espanto. Lá estava ela!... Filha de pais tão honrados!... Que vergonha, Senhor!
La ramera, por costumbre del oficio, intentó acoger con cínica sonrisa, con el gesto escéptico del que conoce el secreto de la vida y no cree en nada, las exclamaciones de la escandalizada labradora.
A prostituta, como era seu costume, tentou responder às exclamações da camponesa escandalizada com um sorriso cínico, com o gesto cético de quem conhece o segredo da vida e não acredita em nada.
Pero la mirada fija de los ojos claros de Pepeta acabó por avergonzarla, Y bajó la cabeza como si fuese a llorar.
Mas o olhar fixo de Pepeta, com seus olhos claros, acabou por constrangê-la, e ela baixou a cabeça como se estivesse prestes a chorar.
No, ella no era mala; había trabajado en las fábricas, había servido a una familia como doméstica; pero al fin sus hermanas le dieron el empleo, cansadas de sufrir hambre; y allí estaba, recibiendo unas veces cariño y otras bofetadas, hasta que reventase para siempre.
Não, ela não era má; tinha trabalhado em fábricas, tinha servido uma família como empregada doméstica; mas no fim, as irmãs deram-lhe o emprego, cansadas de sofrer de fome; e lá estava ela, às vezes recebendo carinho e às vezes tapas, até explodir para sempre.
Era natural: donde no hay padre y madre, la familia termina así. De todo tenía la culpa el amo de la tierra, aquel don Salvador, que de seguro ardía en los infiernos. ¡Ah ladrón!... ¡Y cómo había perdido a toda una familia!
Era natural: onde não há pai nem mãe, a família acaba assim. Tudo por culpa do latifundiário, aquele Dom Salvador, que com certeza estava queimando no inferno. Ah, ladrão!... E como ele perdeu uma família inteira!
Pepeta olvidó su actitud fría y reservada para unirse a la indignación de la muchacha. Verdad, todo verdad; aquel tío avaro tenía la culpa. La huerta entera lo sabía. ¡Válgame Dios, y cómo se pierde una casa! ¡Tan bueno que era el pobre tío Barret!
Pepeta esqueceu sua postura fria e reservada e compartilhou da indignação da menina. Era verdade, absolutamente verdade; aquele tio avarento era o culpado. Todo o pomar sabia disso. Meu Deus, como uma casa pode se deteriorar! O pobre tio Barret era um homem tão bom!
¡Si levantara la cabeza y viese a sus hijas!... Ya sabían en la huerta que el pobre padre había muerto en el presidio de Ceuta hacía dos años; Y en cuanto a la madre, la infeliz vieja había acabado de padecer en una cama del hospital.
Se ao menos ela pudesse levantar a cabeça e ver suas filhas!... Elas já sabiam no pomar que o pobre pai havia morrido na prisão de Ceuta dois anos antes; e quanto à mãe, a infeliz senhora acabara de sofrer em um leito de hospital.
¡Las vueltas que da el mundo en diez años! ¿Quién les hubiese dicho a ella y a sus hermanas, acostumbradas a vivir en su casa como reinas, que acabarían de aquel modo? ¡Señor! ¡Señor! ¡Libradnos de una mala persona!...
Como o mundo muda em dez anos! Quem diria que ela e suas irmãs, acostumadas a viver como rainhas em sua casa, acabariam assim? Senhor! Senhor! Livra-nos de uma pessoa tão perversa!
Rosario se animó con la conversación; parecía rejuvenecerse junto a esta amiga de la niñez. Sus ojos, antes mortecinos, chispearon al recordar el pasado. ¿Y su barraca? ¿Y las tierras? Seguían abandonadas, ¿verdad?...
Rosario animou-se durante a conversa; parecia rejuvenescer na companhia daquela amiga de infância. Seus olhos, antes sem vida, brilharam ao recordar o passado. E sua cabana? E o terreno? Ainda estava abandonado, não é?...
Esto le gustaba: ¡que reventasen, que se hiciesen la santísima los hijos del pillo don Salvador!... Era lo único que podía consolarla.
Era isto que ela gostava: que eles explodissem, que os filhos daquele patife do Dom Salvador se fizessem de santos!... Era a única coisa que a consolava.
Estaba muy agradecida a Pimentó y a todos los de allá, porqúe habían impedido que otros entrasen a trabajar lo que de derecho pertenecía a su familia. Y si alguien quería apoderarse de aquello, entonces bien sabido era el remedio... ¡Pum!
Ela era muito grata a Pimentó e a todos ali, porque eles impediram que outros se apropriassem do que pertencia por direito à sua família. E se alguém tentasse tomar posse, eles sabiam muito bem como fazer... Bang!
Un escopetazo de los que deshacen la cabeza.
Um tiro de espingarda que explode sua cabeça.
La moza se enardecía; brillaban en sus ojos chispas de ferocidad.
A garota ficou cada vez mais enfurecida; faíscas de ferocidade brilharam em seus olhos.
Resucitaba dentro de la ramera, pasiva bestia acostumbrada a los golpes, la hija de la huerta, que desde que nace ve la escopeta colgada detrás de la puerta, y en las festividades aspira con delicia el humo de la pólvora.
Ela ressuscitou dentro da prostituta, uma besta passiva acostumada aos golpes, a filha do pomar, que desde o nascimento vê a espingarda pendurada atrás da porta e, nos feriados, inala com deleite a fumaça da pólvora.
Después de hablar del triste pasado, la curiosidad despierta de Rosario fué preguntando por todos los de allá, y acabó en Pepeta. ¡Pobrecita! Bien se veía que no era feliz.
Depois de conversarem sobre o passado triste, a curiosidade de Rosario a levou a perguntar sobre todos os presentes, e ela acabou falando de Pepeta. Coitadinha! Era evidente que ela não estava feliz.
Joven aún, sólo revelaban su edad aquellos ojazos claros de virgen, inocentes y tímidos. El cuerpo, un puro esqueleto; y en el rubio, de un color de mazorca tierna, aparecían ya las canas a puñados antes de los treinta años.
Ainda jovem, apenas aqueles olhos claros, inocentes e tímidos, como os de uma virgem, denunciavam sua idade. Seu corpo era um mero esqueleto; e em seus cabelos loiros, da cor do milho tenro, já surgiam tufos de fios grisalhos antes mesmo de ela completar trinta anos.
¿Qué vida le daba Pimentó? ¿Siempre tan borracho y huyendo del trabajo? Ella se lo había buscado, casándose contra los consejos de todo el mundo.
Que tipo de vida Pimentó lhe proporcionou? Sempre tão bêbada e fugindo do trabalho? Ela mesma havia provocado isso, casando-se contra o conselho de todos.
Buen mozo, eso sí; le temblaban todos en la taberna de Copa, los domingos por la tarde, cuando jugaba al truco con los más guapos de la huerta; pero en casa debía de ser un marido insufrible... Aunque, bien mirado, todos los hombres eran iguales.
Ele era bonito, sem dúvida; todos tremiam no bar Copa nas tardes de domingo quando ele jogava truco com os rapazes mais bonitos da cidade; mas em casa ele devia ser um marido insuportável... Embora, pensando bem, todos os homens são iguais.
¡Si lo sabría ella! Unos perros que no valían la pena de mirarlos. ¡Hija, y qué desmejorada estaba la pobre Pepeta!...
Se ela soubesse! Cães que não valiam a pena olhar. E a pobre Pepeta parecia tão doente!
Un vozarrón de marimacho bajó como un trueno por el hueco de la escalerilla.
Uma voz grave e estrondosa, com jeito de moleca, ecoou pela escadaria como um trovão.
-¡Elisa!... Sube pronto la leche. El señor está esperando.
"Elisa!... Traga o leite depressa. O senhor está à espera."
Rosario empezó a reír de ella misma. Ahora se llamaba Elisa. ¿No lo sabía? Era exigencia del oficio cambiar el nombre, así como hablar con acento andaluz. Y remedaba con rústica gracia la voz del marimacho invisible.
Rosario começou a rir de si mesma. Agora se chamava Elisa. Será que não sabia? Mudar de nome era uma exigência do trabalho, assim como falar com sotaque andaluz. E ela imitava a voz da moleca invisível com um charme rústico.
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